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viernes, 28 de septiembre de 2012

OVILLEJO A CONCE GONZÁLEZ GONZÁLEZ



OVILLEJO A
CONCE GONZÁLEZ GONZÁLEZ




Como campana de bronce

CONCE

Su valor, no es en caudales

GONZÁLEZ

Ni en el rey de los metales

GONZÁLEZ

Experta en documentales,
y del MONIQUÍ, su guía,
equilibrio y armonía.
CONCE GONZÁLEZ GONZÁLEZ.



© Casimiro Bleda Onrubia

miércoles, 26 de septiembre de 2012

¿POR QUÉ NO TE CALLAS?



PETICIONES... DEL/AL  LEYENTE,
(en este caso escribiente)

 ¿POR QUÉ NO TE CALLAS?





Hay un hecho singular
y que mi atención reclama,
ya que es algo que se da
con frecuencia meridiana.


.../...

Así, que le dí las gracias
por conferencia tan magna,
y por ser tan generosa
amenizando la gala.

¡Tal cual!






© Casimiro Bleda Onrubia

lunes, 24 de septiembre de 2012

DÍA DEL ALZHEIMER - SONETO DEL OLVIDO

SONETO DEL OLVIDO

A los enfermos de Alzheimer y familiares



Frágil es en verdad, el ser humano,
aunque aparente recia fortaleza,
si el destino se ceba en su flaqueza
le gana la partida en fiera mano.

Alzheimer, ese bicho tan liviano,
que expande su ramaje de maleza,
entrando sin llamar en la cabeza
tornándola en terreno de secano.

Inquilino cruel, que sin permiso,
en medio del cerebro se ha instalado
robándote hasta el último recuerdo.

Perdido en este extraño paraíso,
alguien, no sé quién es, está a mi lado,
no sé ni quién soy yo, ya no me acuerdo.


©Casimiro Bleda Onrubia

sábado, 22 de septiembre de 2012

MANOS QUE ORAN - ALBERTO DURERO


 



Durante el siglo XV, en una pequeña aldea cercana a Nüremberg, vivía una familia con 18 niños.
Para poder poner pan en la mesa para tal prole, el padre, y jefe de la familia, trabajaba casi 18 horas diarias en las minas de oro, y en cualquier otra cosa que se presentara.
A pesar de las condiciones tan pobres en que vivían, dos de los hijos de Albrecht Durer tenían un sueño.
Ambos querían desarrollar su talento para el arte, pero bien sabían que su padre jamás podría enviar a ninguno de ellos a estudiar a la Academia.
Después de muchas noches de conversaciones calladas entre los dos, llegaron a un acuerdo. Lanzarían al aire una moneda.
El perdedor trabajaría en las minas para pagar los estudios al que ganara.
Al terminar sus estudios, el ganador pagaría entonces los estudios al que quedara en casa, con las ventas de sus obras, o como fuera necesario.
Lanzaron al aire la moneda un domingo al salir de la Iglesia. Albrechtt Durer ganó y se fue a estudiar a Nüremberg.
Albert comenzó entonces el peligroso trabajo en las minas, donde permaneció por los próximos cuatro años para sufragar los estudios de su hermano, que desde el primer momento fue toda una sensación en la Academia.
Los grabados de Albretch, sus tallados y sus óleos llegaron a ser mucho mejores que los de muchos de sus profesores, y para el momento de su graduación, ya había comenzado a ganar considerables sumas con las ventas de su arte.
Cuando el joven artista regresó a su aldea, la familia Durer se reunió para una cena festiva en su honor. Al finalizar la memorable velada, Albretch se puso de pie en su lugar de honor en la mesa, y propuso un brindis por su hermano querido, que tanto se había sacrificado para hacer sus estudios una realidad.
Sus palabras finales fueron:
- Y ahora, Albert hermano mío, es tu turno. Ahora puedes ir tú a Nüremberg a perseguir tus sueños, que yo me haré cargo de ti.
Todos los ojos se volvieron llenos de expectativa hacia el rincón de la mesa que ocupaba Albert, quien tenía el rostro empapado en lágrimas, y movía de lado a lado la cabeza mientras murmuraba una y otra vez:
- No... no... no...
Finalmente, Albert se puso de pie y secó sus lágrimas.

Miró por un momento a cada uno de aquellos seres queridos y se dirigió luego a su hermano, y poniendo su mano en la mejilla de aquel le dijo suavemente:
- No, hermano, no puedo ir a Nuremberg. Es muy tarde para mí. Mira lo que cuatro años de trabajo en las minas han hecho a mis manos. Cada hueso de mis manos se ha roto al menos una vez, y últimamente la artritis en mi mano derecha ha avanzado tanto que hasta me costó trabajo levantar la copa durante tu brindis... mucho menos podría trabajar con delicadas líneas el compás o el pergamino y no podría manejar la pluma ni el pincel. No, hermano... para mí ya es tarde.

Más de 450 años han pasado desde ese día. Hoy en día los grabados, óleos, acuarelas, tallas y demás obras de Albretch Durer pueden ser vistos en museos alrededor de todo el mundo. Pero seguramente usted, como la mayoría de las personas, sólo recuerde uno. Lo que es más, seguramente hasta tenga uno en su oficina o en su casa.

Un día, para rendir homenaje al sacrificio de su hermano Albert, Albretch Durer dibujó las manos maltratadas de su hermano, con las palmas unidas y los dedos apuntando al cielo. Llamó a esta poderosa obra simplemente "Manos", pero el mundo entero abrió de inmediato su corazón a su obra de arte y se le cambió el nombre a la obra por el de "Manos que oran".
La próxima vez que veas una copia de esta creación, mírala bien. Permite que sirva de recordatorio, si es que lo necesitas, ya que nadie, nunca, ¡triunfa sólo!


Alberto Durero Autorretrato


 

martes, 18 de septiembre de 2012

FRAGUANDO VERSOS 2012

Una vez finalizado el periodo de relax, comienzo de nuevo con mis cosas.

Gracias a José Rafael Navarro por este video.


Para los ZORILIANOS, que estuvieron y lo quieran recordar, para los que no pudieron asistir, para los que tengan curiosidad. Gracias a todos.


sábado, 1 de septiembre de 2012

EN EL JARDÍN OLVIDADO




EL     JARDÍN      OLVIDADO    -Kate Morton-

.../...

- No sé dibujar.
-Ya aprenderás, tienes ojos y mano. Dibuja lo que ves.
-Creo que dibujar es algo más que eso.
-Pamplinas. Es sólo cuestión de asegurarse de ver lo que hay allí realmente. No lo que crees que hay. Todo está formado por líneas y formas. Es como un código, sólo necesitas aprender a leerlo e interpretarlo. Esa lámpara de allá, dime qué ves.
-Eh...¿una lámpara?
-Bueno, ahí está tu problema. Si todo lo que ves es una lámpara, entonces no tienes posibilidad de dibujarla. Pero si ves que en verdad es un triángulo sobre un rectángulo, con un delgado tubo conectándolos, entonces ya estás a medio camino.
(Casandra se encogió de hombros insegura)
-Nunca se sabe, podrías sorprenderte.
Y así había sido. No es que esa primera vez mostrara un gran talento. La sorpresa había sido cuánto lo había disfrutado. El tiempo parecía volar cuando tenía el cuaderno en su regazo y un lápiz en la mano.
.../...